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domingo, 12 de julio de 2015

¿A quién hace daño una confluencia de la izquierda?

En las últimas semanas el panorama de la izquierda está especialmente activo. Sin tanta parafernalia mediática como otros se presentó el pasado 20 de Junio la plataforma Somos Izquierda, un proyecto de buscar líneas en común de todas las bases para poder influir en los partidos, pero no formar un partido propio. Más recientemente, y a una velocidad casi supersónica, surgió la propuesta Ahora en común, con otra intención, ya que este proyecto si busca presentarse a las generales. Casi de una forma contra programada, Podemos hizo una demostración de músculo en el foro por el cambio criticando todos estos movimientos y atribuyéndose la medalla de ser los únicos capaces de ser una alternativa a los partidos tradicionales. Todos estos movimientos son mirados por el PSOE, entre una mezcla de desprecio e incredulidad, como diciendo que para que se quiere una confluencia, si ellos son esa aglutinación de la izquierda.

Y con todos estos ingredientes de la ensalada, las personas que somos ideológicamente de izquierdas no tenemos un panorama fácil. El PSOE, lejos de hacer una autocrítica de porqué no hace más que perder votos, y el porqué la mayoría de sus votantes son mayores de 50 años, no hace más que decir que entiende el mensaje de la ciudadanía. ¿Si lo entiende, porque no corrige esas sensación que ya es solo un partido de izquierdas en las siglas, pero en la realidad se muere de ganas por invadir el centro? El PSOE tiene que ser humilde y aprender de sus errores, así como modular sus necesidades a los de la población actual.

Por otro lado tenemos a PODEMOS. Su aparición ha marcado un antes y un después en la política española. Era imprescindible una aparición de este tipo en este país para reactiva la ilusión, y para que los partidos tradicionales vieran que se les terminaba el chiringuito. Pero ese papel no les hace ser los jueces de quienes son los buenos y los malos en esto de la política. No les da el derecho a decidir quien vale para la regeneración de este país ni cuales son las herramientas para conseguirlo.

Entre las dos aguas de lo tradicional y lo progresista se queda IU. Un partido implicado, pero con una estructura muy encorsetada. Las circunstancias han llevado a un hombre como Alberto Garzón, atrapado en unas siglas, pero con una mentalidad más abierta en cuanto a las confluencias. Como buen discípulo de Anguita, no puede ni ver a nada que huela a socialista aunque venga en son de paz. Si lo que quiere Garzón es confluencia, el primer paso es no cerrarse a nadie que quiera sumar.

En medio de estas guerras de partidos, siglas y egos ha aparecido Ahora en común. Como idea es prometedora, pero es prematuro su evaluación. Lo que no es prematuro es hablar de la plataforma Somos Izquierda. Con varios meses desde su nacimiento, esta idea se ha ido forjando poco a poco con la unión de bases de TODOS los partidos, incluyendo algún verso libre que no se sabe ubicar en ninguna sigla. No es igual que otras ideas, no es igual que otros partidos, ¿por qué? Por que no es ni quiere ser un partido y porque su línea de pensamiento no está dictada por ninguna sigla sino porque lo piensan la gente de las bases de la izquierda.

Las redes sociales braman desde todas las siglas calificando de traición la aparición de líneas diferentes a sus partidos. ¿Es eso democrático? ¿No tiene todo el mundo derecho a buscar un marco donde se aglutine todo lo bueno que pueda haber en todos los partidos? ¿Acaso da miedo que la gente descubra que no se necesitan a mesías para salvar a nadie sino una mentalidad de sumar entre todos? Y finalmente, ¿a quién hace daño una confluencia de la izquierda? Quizás alguien me conteste a estas preguntas, pero a la última apunto una posible respuesta, al Partido Popular.


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